— ¿Quién eres? — cuestiono el viejo hombre mirando aquellos que brillaban como infernales llamas ardientes.
— Ah pasado tiempo mi señor, quizás demasiado, es natural que no me recuerde, después de todo, un simple niño al que culpo de lo que usted mismo hizo a su hija y fue descartado como un peón, nunca podría ser demasiado importante — dijo la voz de Eros que resonó en un sonido casi gutural demasiado siniestro.
El viejo tragó saliva, entendiendo bien la identidad de aquel que lo miraba con od