Aitana asintió nerviosa y mirándolo a los ojos sin perder detalle alguno, alzó su mano para acariciar la suavidad de su perfecto rostro masculino y apuesto. Fernando se estremeció y casi creyó reconocer un absurdo nerviosismo al desamarrar el cinturón de aquella bata de baños, y notando con gran sorpresa que su hermosa Aitana no llevaba prenda alguna por debajo. Fernando vio los ojos de su esposa temblar nerviosos y volvió a besarla, esta vez, con amor, con calma, y de una manera tan suave y ge