Aitana sintió sus mejillas arder y rápidamente oculto aquella libreta. El apuesto rubio tatuado sabía que su amada tenía sus propios planes y por ello aún no le había confesado que ella era el rostro oculto tras la máscara de aquella misteriosa médica. No iba a presionarla, tampoco necesitaba que ella le dijera exactamente lo que estaba pensando. Después de todo, la amaba y confiaba ciegamente en ella.
— Yo…bueno, me gusta disfrutar del sol, me llegan muy buenas ideas mientras tanto. — respondi