— A los peces grandes se les mete la mano por la boca, mi precioso Bolita. — aseguró Aitana.
El gato le maulló animado, y una sonrisa maliciosa se le dibujó en el rostro a su dueña.
En su departamento, Fernando miraba sorprendido la cantidad de odio que Ainara Mendoza estaba recibiendo en las redes sociales y en los noticieros. Aitana no dejaba de sorprenderlo, su inteligencia y autocontrol eran algo realmente asombroso. Ella no se había defendido a propósito para que solo su hermana fuese gr