Aitana sollozaba sosteniendo a su amado gatito rescatado entre sus brazos y murmurando su nombre en voz baja sin obtener ningún maullido ni movimiento en respuesta.
— Ven, vamos, debemos ver tus heridas. — dijo tan solo recibiendo sollozos en respuesta.
— L-Fernando…por favor…mi Bolita…no se mueve. — dijo Aitana con la voz quebrada.
En ese momento, Aitana sintió como su mundo se desmoronó en mil pedazos.
— Bolita...no se mueve. — volvió a murmurar.
Comenzando a llorar, Aitana llamaba a Bolita c