Como un desesperado, Alejandro daba vueltas una y otra vez en el estudio de su padre, como si estuviese marcando sus pasos con enorme insistencia. Aitana y Fernando no podían estar juntos, pero recordarlos tomados del brazo lo hacía rabiar de celos. De ninguna manera iba a permitir que ellos se enamoraran…Aitana era suya; solo él debía de tenerla y nadie más…mucho menos aun su odiado hermano gemelo.
Desde que eran niños Fernando siempre había destacado por la fuerza de su carácter y cuerpo, su