Furioso, el señor Toledo vio como su hijo mayor caminaba hacia la salida de su estudio.
—¡Fernando!, ¡Regresa aquí y toma lo que amablemente te he ofrecido!, ¿Crees que no se qué no tienes nada?, ¡Ven aquí ahora mismo! — dijo entre gritos el señor Toledo.
Fernando sonrió de medio lado y le dio una mirada a su padre antes de salir.
—Tu no sabes nada de mí, señor Toledo, y solo quiero que sepas algo, jamás he necesitado nada de ti, muy pronto sabrás de lo que soy capaz, dale ese dinero a tu queri