La voz que no había extrañado para nada, sonaba detrás de él, y girándose, vio frente a el a su hermano gemelo. Un cigarrillo encendido en sus labios, sus atuendos de cuero negro y sus cabellos rubios acomodados como si tan solo se hubiese pasado el cepillo por encima dándole una apariencia desordenada…aquel era Fernando.
—Miserable… ¿A qué has venido aquí? — cuestionó Alejandro arrastrando ira en su voz.
Fernando sonrió de medio lado con un deje de cinismo.
—Solo vine a tomar lo que me pertene