Lo primero en que reparó Irum fue en el atuendo casual de Alejandro. No llevaba traje, no hablarían de trabajo y sólo para eso ellos se reunían.
—Más vale que sea algo importante, no me sobra el tiempo.
Alejandro carraspeó y se acomodó las gafas.
—Ángel fue a hablar conmigo. Me lo contó todo.
Irum tomó asiento porque supuso que tardarían. Junto a la ventana y entre dos libreros había un sofá que olía al perfume de Libi. Ella iba allí a estudiar.
—Esa mujer sólo sabe causar problemas.
—¿Por qué