Irum apoyó ambas manos a los costados de Libi y gozó de observarla mientras la embestía sobre su pulcro escritorio. Había documentos repartidos por el suelo y el portalápices se acercaba cada vez más al borde.
Ella se había asustado. El pánico la había invadido mientras Irum la llevaba por su propia senda en el recorrido que antes ella guiaba. Algo tan simple como estar debajo de él la dejaba a su merced y sólo la confianza y el amor que le profesaba la mantuvo en su lugar.
No había dolor. No