Gael avanzaba como una sombra. Con una frialdad que me heló la sangre, eliminó al primer guardia en el pasillo con un movimiento limpio y silencioso de su cuchillo antes de que el hombre pudiera siquiera jadear. Segundos después, sacó la tablet. Sus dedos volaron sobre la pantalla hasta deshabilitar los sensores .
—Seguridad abajo —musitó Gael. Tenía una sonrisa desquiciada en el rostro, los ojos dilatados por la adrenalina. Parecía un verdadero lunático, una máquina de matar que disfrutaba ca