Dexter, por orden de Vega, se había quedado conmigo y con Carmen en la cocina. Se colocó junto a la puerta, bloqueando el paso con su cuerpo ancho y el fusil listo en las manos. Carmen me tenía agarrada del brazo, temblando, mientras yo trataba de escuchar lo que pasaba en el pasillo.
—Manténganse en silencio —nos dijo Dexter en un susurro, sin despegar la vista del marco de la puerta—. Si escuchan disparos, se agachan de inmediato.
—¿Quién crees que sea? —le pregunté a Dexter en voz muy baja,