Aquella mañana, Devan fue a buscar a Sarah. El frío del aire parecía penetrar hasta los huesos de Sarah, aumentando su nerviosismo por la reunión con el consejo de la empresa. Devan, al notar la expresión en el rostro de Sarah, le preguntó con suavidad: "¿Sigues sin sentirte bien?" Incluso la ayudó a ponerse la ropa, sus manos ligeras pero llenas de cuidado.
"¿Qué más quieren?" murmuró Sarah, su voz casi inaudible.
"Solo quieren aclarar nuestra relación", respondió Devan, mientras abotonaba con