—¿No tienes hambre? —preguntó él, cortando el momento de tensión.
Me enderecé. Estaba saliéndome de control. Estar con él, tan cerca, en la misma habitación y los dos solos a veces hacía que mi mente dejara de ser por completo racional.
—Sí. —respondí, aliviada, eso era algo de normalidad en esta locura que llevaba de vida.
—Nos traerán la cena aquí. —dijo, arqueando una ceja, era tan atractivo cuando hacía eso, me miraba con malicia, esa mirada burlona que me volvía loca.
—Suena bien. —traté d