—No es lo que quieres, sin embargo, aquí todo mundo te respeta. —dije, no pude evitarlo.
—Sí, así es. Porque me he ganado el miedo de todos. De Collin, de Eduard. Todos ellos me temen. —sonrió con malicia.
—Entonces has utilizado la misma violencia para llegar a la cima. Pero ahora, quieres retirarte. ¿Es algo así? —pregunté, con osadía, porque ahora que éramos socios, comenzaba a tomarme más libertades.
—Te oyes astuta. Te tomas demasiadas libertades ahora. —el volvió a mirarme como si fuera u