El calor podía apoderarse de mí con una facilidad que me parecía sorprendente. Supongo que este lugar provocaba esos cambios. Porque antes, en mi pasado, me negué a cualquier sensación de placer. Estaba fría, como una roca, no quería que nada ni nadie me dañara. Ahora, sentía como si fluyera con el placer. Como si fuera parte de mis venas.
El latido de mi corazón iba constante y conectado a todas esas sensaciones. Sophie me tomó de la mano.
Cerré los ojos, mientras comenzábamos a jugar lentamen