XENIA
He estado inquieta desde hace un rato. Hay alguien a quien necesito llamar, pero desde hace tiempo no he podido encontrar mi teléfono.
¿Adriel lo tomó?
La puerta se abrió y Adriel entró. Llevaba una bolsa de papel y la dejó sobre la cama.
—Vístete. Vamos a comprar lo que usarás para nuestra boda —ordenó con frialdad, antes de darme la espalda.
—Adriel, ¿tienes mi teléfono? —pregunté, reuniendo valor.
Se detuvo y volvió a mirarme.
—Sí. ¿Por qué?
—Necesito llamar a alguien. Es importante qu