XENIA
Antes de salir del centro comercial, primero me llevó a un salón. Habló con una empleada. Como antes, mantuvo cierta distancia de ella por ser mujer.
Después de hablar, sacó algo de su bolsillo. No pude evitar negar con la cabeza; no había cambiado, seguía llevando siempre un espray. Cuando la empleada se dio la vuelta, él se roció discretamente por todo el cuerpo antes de fingir que se sentaba en la zona de espera.
Así que por eso estábamos allí, para arreglarme. Probablemente se sentirí