[PUNTO DE VISTA DE IRIS]
Salvatore me dejó caer sobre el colchón; su tacto era engañosamente suave comparado con la carnicería que acababa de presenciar.
Apreté los dedos contra el edredón, intentando aferrarme a él, pero el temblor no cesaba. No era solo el frío, era el olor metálico a sangre que no se me quitaba de la nariz.
—¿Por qué? —susurré, la palabra atascada en mi garganta seca—. ¿Por qué tuviste que matarlos?
No respondió de inmediato. En cambio, se recostó contra la pared, una leve s