La cena de anoche fue probablemente la experiencia más incómoda de la historia.
Tuve la sensación de que Killian y su padre no se llevaban muy bien. Y durante todo el trayecto hasta ese hospital tan elegante esta mañana, Killian parecía perdido, casi culpable cada vez que me miraba.
Nos sentamos en una especie de sala, con las ventanas tan abiertas que la luz me molestaba los ojos, y las paredes pintadas de amarillo tampoco ayudaban. El guapo y caro imbécil que dormía en una silla a mi lado ta