Bajar los escalones dorados fue una eternidad, sobre todo con Killian haciéndome preguntas como un reportero de BBC World News. Fue agotador, casi una tarea pesada.
—¿Seguro que estás bien? —preguntó por segunda vez desde que salimos de la habitación.
—Sí, estoy bien. Han sido unas semanas muy complicadas. Uno pensaría que me adaptaría mejor a los cambios.
Se suponía que era una broma, pero Killian frunció el ceño. No habló hasta que entramos al comedor.
—¿Cómo puedes bromear con eso? —murmuró.