El enorme escritorio de caoba, fuertemente tallado, de la suite de la socia directora se sentía completamente diferente ahora que Isabel estaba sentada detrás de él. El aroma persistente y rancio de los costosos puros cubanos de Don Ricardo había sido erradicado por completo, reemplazado en su totalidad por la fragancia aguda y limpia de su propio perfume característico. El sol de la tarde entraba violentamente a través de los ventanales de cristal que iban del suelo al techo, proyectando sombr