El trayecto de regreso desde la orilla hasta el edificio principal del resort se sintió como una caminata a través de un sueño febril.
Ninguno de los dos hablaba; no era necesario.
El silencio entre ellos era denso, cargado de una electricidad que los atraía como imanes.
Daniela caminaba con los tacones en la mano, sintiendo la frialdad del mármol bajo sus pies aún impregnados de arena húmeda.
Cada paso le recordaba la forma en que Elliot la había besado bajo la luna, cómo sus manos habían