El aire en el lobby del resort estaba tan cargado que parecía que una sola chispa bastaría para reducirlo todo a cenizas.
Daniela se detuvo a pocos metros de la escena, con los pulmones ardiendo por la carrera y los ojos fijos en la espalda rígida de Elliot.
Pero antes de que pudiera llegar a su lado, un sonido chillón y discordante la obligó a desviar la mirada hacia el mostrador de mármol de la recepción.
Allí, Enma estaba protagonizando su propio espectáculo de decadencia.
Su voz, siempre