Daniela caminaba por el pasillo de la mansión hacia la salida, pero sus pies se sentían pesados, como si el suelo de mármol se hubiera transformado en arena movediza.
El peso del bolso que colgaba de su hombro parecía haberse triplicado.
Sentía que el pequeño trozo de papel térmico, el comprobante de la compra de los condones, quemaba a través de la piel sintética.
¿Por qué?, se preguntaba una y otra vez mientras subía a su coche.
La lógica le dictaba que Elliot era un hombre joven, poderoso