Elliot cerró la puerta de la suite con un golpe seco que resonó como un disparo en la noche tropical.
Daniela apenas tuvo tiempo de recuperar el aliento antes de que él la empujara contra la pared del pasillo, su cuerpo grande y caliente presionándola sin piedad.
La mano que había estado entre sus piernas bajo la mesa volvió a subir por su muslo, esta vez sin ninguna discreción.
—Has estado goteando por mí toda la cena, esposa —gruñó contra su boca, mordiéndole el labio inferior con fuerza su