La luz de las velas oscilaba entre ellos, proyectando sombras alargadas que parecían danzar con la misma malicia que brillaba en los ojos de Enma.
A pesar de la negativa previa, Fabián y ella no se movieron.
Al contrario, con una naturalidad que rayaba en el cinismo, Fabián retiró las sillas vacías y ambos se sentaron, invadiendo el último refugio de paz que les quedaba a Daniela y Elliot.
Daniela sintió que el aire se volvía denso, difícil de tragar.
La presencia de Enma era como una mancha