La puerta del dormitorio se abrió justo cuando las últimas palabras de Elliot quedaban suspendidas en el aire, pesadas como el plomo.
Daniela y Thea cruzaron el umbral, deteniéndose en seco al notar la atmósfera gélida que envolvía a los dos hombres.
El rostro de Elliot estaba crispado en una mueca de concentración absoluta, mientras que Paul sostenía la bandeja de plata con una cautela casi quirúrgica.
—¿Cómo que un micrófono? —la voz de Daniela salió en un susurro cargado de alarma.
Sus oj