EMILIA
No sabía si era el instinto o el presentimiento, pero algo me decía que esa tarde no iba a ser como las demás. El aire en los pasillos del edificio ejecutivo tenía esa tensión que solo se percibe cuando algo está por romperse. Como el silencio antes de la tormenta. Como el aroma de una desgracia en el aire, antes de la traición.
Fue como si una punzada invisible me jalara hacia la puerta cerrada de la oficina de Adam. Al principio estaba en silencio, luego hubo un ruido algo leve. Era com