EMILIA
Nunca pensé que el sonido de un monitor cardíaco pudiera llegar a ser tan reconfortante, pero en ese momento lo era. El ritmo firme, constante, casi musical que salía del aparato conectado a mi vientre llenaba la sala como una sinfonía de esperanza.
Brandon me sostenía la mano. Su pulgar trazaba círculos lentos sobre mi piel, como si con eso quisiera transmitirme toda la fuerza del mundo. Y aunque por fuera se veía firme, por dentro sabía que estaba igual de nervioso que yo.
El doctor rev