BRANDON
Volví a la mesa con el rostro sereno, como si nada acabara de pasar, como si no me acabaran de confirmar que alguien que trabaja en mi propia casa me había traicionado.
Emilia me observó con esa mirada suya que siempre olía a intuición.
— ¿Todo bien? —Preguntó, con la taza a medio camino de sus labios.
—Sí —. Sonreí, tomando asiento con elegancia—. Mi tía quiere que vaya a visitarla este fin de semana y está tan dramática como siempre. Me hizo jurar que no voy a morir antes de su cumplea