Emma se encontraba de pie una vez más en el centro de la habitación de la bebé, dejando que sus ojos recorrieran cada detalle con una fascinación que no lograba extinguirse. El aroma a madera nueva y a telas frescas inundaba el espacio, creando una atmósfera de pureza que contrastaba con la oscuridad que a veces parecía rodear la vida de los Campbell. Catalina entró con pasos suaves, observando la figura de su nieta bañada por la luz de la tarde que se filtraba entre las cortinas de seda.
—Me