La mañana transcurrió entre susurros y el aroma a pan tostado en la nueva residencia de los Campbell. Emma, sentada a la mesa con una expresión de cansancio por los síntomas del embarazo, decidió que era momento de informar a Catalina y Angélica sobre la tragedia que sacudía a la mansión de Robert. Con voz pausada, relató el accidente de Mariana, la caída por las escaleras y el diagnóstico crítico que los médicos habían dado la noche anterior.
—Se lo merece. La vida tiene formas muy curiosas d