Emma llevó el plato de fruta a la cocina casi intacto. Apenas había probado un trozo de manzana antes de que el apetito se le fuera por completo. El hambre que había sentido al despertar desapareció en cuanto Benedict la llamó para decirle que esa noche tendrían una cena con su padre. Una cena donde estarían Noah y su esposa.
El estómago se le revolvió de inmediato. Tuvo que apoyarse en la encimera unos segundos para respirar despacio y evitar que las náuseas regresaran. No era solo el embarazo