La puerta de la oficina de Noah se abrió de golpe, había llegado a Industrias Campbell muy temprano esa mañana. Los empleados lo miraron con curiosidad, no solo porque era un recién casado que en lugar de estar de luna de miel estaba ahí un lunes por la mañana, sino también por esa marca rojiza y aún ligeramente hinchada en su mejilla, el claro rastro del contacto con el anillo de Emma cuando le dio la cachetada. Había discutido con Mariana en casa, luego de que ella no le creyera la mentira ba