El temblor en el labio inferior de Emma se hizo presente debido a la impotencia. Cerró la puerta y se deslizó por la madera hasta quedar en el suelo, con las rodillas pegadas a su vientre aún plano. Pero, a diferencia del dolor que sintió aquel día que lo vio con Mariana en la oficina, esta vez era rabia; una rabia distinta. Quizás había sido demasiado ilusa al creer en alguien como él, pero no podía permitirse seguir llorando cada vez que la insultara, porque todo lo ocurrido solo le demostra