El sol apenas comenzaba a filtrarse por los ventanales de la mansión Campbell cuando Angélica ya recorría los pasillos con una determinación renovada. No había pegado el ojo en toda la noche, dándole vueltas a la conversación que escuchó entre Mariana y Noah. Sabía que esa pelirroja era un peligro latente y no pensaba permitir que nadie tocara lo que a su hija le correspondía por derecho. Arrastró a Catalina hasta la cocina principal, irrumpiendo en el espacio con una autoridad que dejó mudas a