Ella sentía su cuerpo dolorido, pero no más que su corazón.
El olor de ese macho invadió su nariz de nuevo, y esta vez sintió que el dolor llegaba a su estómago, haciéndola retorcerse en esa cama.
Ella se inclinó y rodó hacia un lado, los dolores en su estómago haciéndola vomitar violentamente.
Samanta abrió los ojos en el instante en que sintió las manos en su espalda, ella se volvió aún sintiéndose mareada, y nauseabunda.
La hembra se encogió en las pieles de aquella cama, y otro olor inv