John vio en los ojos verde musgo de James que no cedería.
Estaba categórico en su decisión de permanecer ciego, sobre las claras evidencias sobre la hembra, cuyo corazón le había arrebatado.
Suspiró y se levantó.
Antes de que pudiera dejar el cuarto, James lo agarró por el brazo, haciendo un gran esfuerzo y dijo, casi en un gruñido:
— Guárdate tus sospechas.
John sacó el brazo de su agarre de hierro, y no dijo nada.
James estaba jugando con su propia seguridad, y él no lo permitiría.
El