Cuando Alice gritó para que Henrique se casara, vio la expresión de comprensión en sus ojos grises. Él sabía que eso era una despedida, y Alice sintió un nudo en el corazón. Nunca vería la boda de los dos, ni al bebé que sería su primo, nunca escucharía su risa, ni ayudaría a cuidarlo. Era como si todo el futuro se hubiera borrado, y Alice sintió una profunda sensación de vacío dentro de sí misma.
Mientras las gruesas gotas de lluvia comenzaban a caer intensamente sobre su cabeza, Alice sintió