Mundo ficciónIniciar sesiónLuego de la repentina muerte de sus padres, Sofía Jaque es informada que para herederar la empresa familiar, tiene como requisito casarse con Santiago Di Stefano. Un hombre que ella no conoce, y que ignora que es el heredero de una poderosa familia de la mafia siciliana. A pesar de ir contra sus principios, Sofía acepta ese casamiento, solo para recibir lo que le corresponde. No sabiendo que comenzará un lento descenso hacia el peligroso mundo al que él pertenece, y subiéndose en un juego de pasión que le evitará alejarse de él.
Leer másTony observa con placer los restos de la criatura que se desintegran en una sustancia negra burbujeante, como si ese cuerpo entendiera que no pertenece a este mundo. Debe reconocer que si alguien allí arriba no se hubiera apiadado de él, el resultado hubiera sudo muy diferente. Aunque en parte sabe que no debería sorprenderle, no es la primera vez que es auxiliado milagrosamente, sabe bien que alguien allá arriba está ensañado en mantenerlo con vida. Como aquel día en Chipre…—¡Nooo, mi bebe nooo! ¡No pueden abandonarlo! —grita una mujer desesperada corriendo para ingresar a su casa.—¡Por favor señora, no puede entrar, es peligroso! —trata de convencerla Flores agarrándola de la cintura mientras ella se revuelve tratando de escapar.—¡Mi bebe, mi bebe! —solloza la mujer dejando correr las lagrimas por sus mejillas.—¿Qué sucede Flores? —pregunta Tony acercándose a esa escena.—Esta mujer quiere volver a entrar a la casa, se ha confirmado la presencia de dos rebeldes adentro. Pero
Al oír el zumbido de una nave acercándose Gisel y Juan comienzan a correr hacia un árbol frondoso de un pequeño monte, el muchacho logra trepar sin mucho esfuerzo por las ramas, pero al ver que su compañera parece tener esfuerzo incluso para levantar la pierna , vuelve a bajar para ayudarla a subir.—Lo siento, creo que no he trepado a un árbol desde… bueno… creo que nunca lo he hecho… —confiesa Gisel avergonzada pisando las manos de Juan que las ha entrelazado para impulsarla hacia arriba.—Se nota, solo intenta no pisarme la cara —responde el muchacho viendo el zapato pasando a centímetros de su nariz.—Hemos recorrido una muy buena distancia, casi la mitad del camino diría yo. Esperaba estar cansada, no suelo caminar o salir mucho de mi casa —dice Gisel sentada en una gruesa rama no pudiendo guardar silencio.—Sí, nos acercamos bastante a nuestro destino, creo que sería conveniente descansar antes de continuar. ¿Dices que tus amigos soldados van a la Facultad de Ingeniería? —re
Marcos cae de rodillas en el piso del calabozo sintiendo con indiferencia el golpe en sus rodillas, clava la mirada en la cicatriz de su muñeca que le recuerda cuan vencido se sintió en ese entonces, como se sintió morir, como deseó tanto el silencio de la muerte. Las lagrimas que empañan sus ojos apenas le permiten distinguirla, hasta le parece sentir un escozor, casi una molestia que ruega que alivien.—Estás en la misma situación, o incluso peor. Deja de aferrarte a una vida que solo te ha hecho sufrir, que ha sido siempre injusta y dura contigo —susurra Depresión con la voz carente de emociones.—No, no voy a darme por vencido de nuevo, no voy a dejar que me manipules de nuevo —responde Marcos intentando hablar a pesar de sentir la garganta seca.—Tony ya debe estar muerto en las garras de nuestros rastreadores, tu mundo ha caído sin poder resistir siquiera una semana, la humanidad está a solo un paso de su extinción. Todo acabó, no hay nada que puedas hacer que cambie esto
Al escuchar el grito del Pastor, Kevin y Víctor sueltan las bolsas con provisiones y comienzan a correr hacia donde creen que ha provenido el grito. Cruzan desesperados a través de finos pasillos formados por las estanterías y los restos del edificio, el grito retumba en sus oídos haciendo que sus mentes divaguen con lo que se encontrarán, ¿Será un hombre que los atacó, o quizás un invasor ha aparecido? Víctor que por su cuerpo más delgado ha dejado atrás a Kevin, entorna los ojos al parecerle distinguir al Pastor arrodillado junto a alguien recostado en el piso de mosaicos, al estar a solo unos pasos de sus compañeros su corazón parece detenerse al notar bajo la luz de la linterna un charco de líquido debajo del que ahora es capaz de reconocer como Bernardo. El escritor baja la velocidad arrastrando sus últimos pasos, siente como si cada pizca de energía lo hubiese abandonado, escuchando solo el sonido de su respiración recorre los últimos pasos mirando con impotencia al Pastor que





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