Cap. 3: Salvadora

Con cierta medida de ansiedad, Sofía se mira en el espejo retrovisor de su auto para asegurarse de que no ha exagerado demasiado con el maquillaje. Si bien solo ha usado un poco de labial y delineador de ojos, el hecho de que esa se convierta en su primera salida en tres años, la hace sentirse muy nerviosa.

De hecho, probablemente si su amiga Olivia no le hubiese estado insistiendo durante el último mes para que asista a la inauguración de su bar, probablemente aún no se habría atrevido a salir. Y no por respeto a su desconocido marido, sino más bien porque ha estado demasiado ocupada tratando de llevar su vida y los bienes de su familia por buen camino, lo cual a veces le suele parecer absorbente.

—Quizás un poco de diversión es todo lo que necesito para relajarme —murmura conduciendo con tranquilidad en las calles extrañamente vacías que llevan hacia el centro.

Al oír un par de detonaciones, Sofía pega un brinco en el asiento clavando los frenos instintivamente, lo cual probablemente no sea la decisión más correcta si se trata de un tiroteo. Sus ojos atentos se fijan en un hombre alto de pelo negro alborotado cruzando la esquina corriendo como si su vida dependiera de ello, solo unos segundos después un par de matones que bien podrían ser contratados en el bar de su amiga como patovicas lo persiguen llevando pistolas en sus manos.

Por un momento la mujer se queda estática, con las manos apretando con fuerza el volante, ya que a su mente la asalta una escena similar, solo que quien corría era su padre biológico. Convencida de que el hombre perseguido es inocente, y que los otros gorilas deben de pertenecer a algún tipo de mafia por la manera de vestir, enciende el vehículo haciendo marcha atrás y doblando en la esquina en la que espera interceptar al perseguido.

—¡Vamos, sube si no quieres que te maten como a un perro! —ordena Sofía deteniendo el vehículo justo cuando el extraño estaba por cruzar la calle, el cual al mirar atrás y ver que sus perseguidores se acercan, se desliza sobre el capó del auto y entra por la puerta del acompañante.

En cuanto escucha que la puerta termina de cerrarse, la conductora pisa el acelerador a fondo para alejarse de ese lugar, aunque no tan rápido como para evitar oír el sonido de nuevos disparos que la hacen soltar un chillido de miedo al pensar que le han dado a ella o al auto.

—¡¿De dónde demonios ha salido ese auto?! ¡Sus hombres nos dijeron que Santiago iba a estar solo aquí! —reclama uno de los perseguidores soltando un grito de frustración al detenerse en la esquina.

—¡Ya sabe como son esos malditos Di Stefano, siempre tienen ratas agazapadas por todos lados! —responde uno de los hombres jadeando por la persecución.

—¡Anota esa matrícula, le voy a hacer pagar por haberse metido en el medio! —ordena el perseguidor dispuesto a hacer sufrir a quien sea que cometió el terrible error de meterse en su camino.

Sintiendo el corazón latiéndole en la garganta, Sofía mira por el retrovisor para asegurarse de que no lo están siguiendo, pues a pesar de que ya se ha alejado unas diez cuadras aún siente el temor de escuchar otro disparo, solo que esta vez quizás no fallarían. 

—¿Se encuentra bien? —pregunta la mujer mirando al hombre que ha salvado, el cual a pesar de tener el rostro manchado de sangre seca parece tener unos rasgos muy atractivos.

—Lo estoy gracias a ti, ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué arriesgarte de esa forma si ni siquiera nos conocemos? —pregunta Santiago que no ha dejado de inspeccionar a su extraña y hermosa salvadora.

—Eras un hombre que era perseguido por lo que me parecieron que eran unos mafiosos, y que de hecho llevaban las de ganar, ósea no tuve que pensarlo demasiado, solo actúe como me dictó el corazón. Que de todas formas creo que cualquier persona lo hubiese hecho —responde la mujer encogiéndose de hombros, creyendo que no es para tanto.

—Soy muy consciente de que no cualquier persona habría actuado como tú, y mucho menos si deduce que los tipos armados son mafiosos. Cualquier persona hubiese seguido su camino para no ponerse en riesgo, pero tú fuiste muy… valiente —reconoce el hombre con brillo en la mirada, sintiendo que esa mujer fuerte e intrépida que acaba de conocer le resulta la más bella y atractiva que ha conocido.

—O demasiado tonta, supongo que depende de qué perspectiva se lo mire —murmura la mujer sintiendo un extraño calor recorrerle el cuerpo, el cual asocia con la presencia de ese extraño que parece devorarla con la mirada.

—Las acciones no dependen de perspectivas, sino del sentimiento que las impulsa, del fuego que arde en el corazón y nos lleva a actuar de una manera u otra —señala Santiago con una media sonrisa, agradeciendo que la mujer estacione el vehículo para poder mirarla a los ojos.

—¿Y cuál es el fuego que lo ha llevado a actuar de tal manera que la mafia lo persiga? —interroga Sofía cayendo en cuenta que está con un extraño en su auto, uno que en realidad ni siquiera puede asegurar que sea una buena persona.

—Solo cuestiones de negocios, o mejor dicho de competencia, pero ese no es el tema de conversación que deberíamos estar teniendo. Tú me has salvado la vida, lo que me deja en deuda contigo, y soy un hombre que siempre paga —indica el acompañante sin poder evitar usar un tono juguetón en su voz, disfrutando de la compañía que tiene.

—¿En deuda? Ni lo menciones, solo hice lo que creí correcto, y obviamente no espero nada a cambio —replica la mujer meneando la cabeza con total rechazo, permitiéndole a sus ojos dar un vistazo a su compañero, el cual debajo del traje desaliñado por lo que seguramente fue una pelea parece tener un cuerpo muy bien trabajado.

—Lo hayas hecho por lo que lo hayas hecho, a mis ojos mi vida es lo más valioso que tengo, así que seré muy generoso al pagarte por haberla salvado. Así que dime con qué debo recompensarte, ¿Quieres dinero, poder o… a mí? —pregunta Santiago clavando su mirada en los ojos verdes de esa mujer, los cuales parecen haberlo hechizado.

Sorprendida por la propuesta, y hasta algo avergonzada, Sofía no sabe cómo responder, no puede negar que se siente atraída por ese hombre. Casi parece perderse en esos ojos color avellana, ya que ve en ellos una pasión que casi parece poder palpar el calor que emana, y si bien su moral le dice que no debe aceptar nada, y su sentido común le advierte del riesgo de involucrarse con un desconocido, su cuerpo y su corazón la instan a abrir la boca para comunicar la decisión a la que se va a arriesgar a tomar.

El sonido del teléfono de la mujer sonando hace sobresaltar a ambos que parecen despertar de una especie de sopor en el que su atracción los había sumido, uno que probablemente de no haber sido interrumpido les habría permitido dejarse llevar por el deseo que claramente se ha encendido entre ellos.

—¿Olivia? ¿Qué? ¡Sí… sí, ya estoy llegando, lo siento me surgió un imprevisto! —atiende Sofía llevándose la mano a la frente al recordar que su amiga la estaba esperando.

—Parece que el deber llamar, ¿Verdad? —consulta el hombre sin poder disimular demasiado su decepción.

—Sí, yo tengo un compromiso que cumplir, puedo dejarlo donde me indique. Y en verdad lo que hice no fue para recibir una recompensa, si quiere tómeme como un alma altruista —indica la mujer comenzando a obligar a su cerebro a volver a pensar con claridad y poner bajo control las hormonas que casi la llevan a estar con un extraño.

—No te preocupes, puedo bajarme aquí. Y aunque no quieras que recompense tu valentía, quisiera al menos conocer el nombre de mi salvadora —pide Santiago no estando dispuesto a perder el contacto con esa mujer que casi parece ser un imán para él.

A pesar de sentirse atraída por alguna razón hacia él, Sofía cree notar que ese hombre está muy lejos de ser una persona ordinaria. De hecho, puede que su primera impresión de que solo era una victima de la mafia, esté errada. Por lo que a pesar de la atracción que siente hacia él, considera que lo mejor es que sus caminos no vuelvan a cruzarse.

—Soy Magali Rivas —miente Sofía esbozando una pequeña sonrisa para no dar lugar a sospechas, ya que la mirada de ese hombre es tan fuerte que por poco le hace temer que tenga la capacidad de penetrar en su mente y leerla.

—Un nombre que no olvidaré, y ante quien espero poder estar nuevamente, aunque en circunstancias diferentes claro —murmura el hombre bajando del auto dedicándole una ultima mirada cargada de puro deseo.

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