El aire dentro del coche era pesado, cargado de una tensión palpable. Samer conducía en silencio, con el ceño fruncido mientras mantenía una mano firme sobre el volante. Karim, sentado en el asiento trasero, jugueteaba nerviosamente con un pequeño disco duro portátil. Agatha, en el asiento del copiloto, no dejaba de observar a Karim con una mezcla de desconfianza y curiosidad.
—¿Puedes darnos al menos un adelanto de lo que tienes ahí? —preguntó Agatha, rompiendo el incómodo silencio.
Karim leva