El avión privado aterrizó en el aeropuerto de Dubái en plena noche, envuelto en el resplandor de las luces de la ciudad. La opulencia de los rascacielos contrastaba con la sombra de peligro que se cernía sobre los tres pasajeros que descendían con cuidado del jet. Samer, Agatha y Karim intercambiaron miradas tensas mientras recogían su escaso equipaje. Cada uno sabía que lo que venía no les permitiría errores.
—No estamos aquí para disfrutar de las vistas —dijo Samer en voz baja mientras salían