La noche seguía envolviendo el paisaje con un manto oscuro y opresivo mientras Samer y Agatha salían apresuradamente de la casa de refugio. El coche avanzaba nuevamente, pero esta vez, el aire dentro del vehículo estaba cargado de silencios inquietos. Samer mantenía el rostro pétreo, mientras que Agatha no dejaba de pensar en lo que acababa de suceder. La llamada que habían recibido no solo confirmaba que estaban siendo perseguidos, sino que también había revelado un dato crucial: no estaban co