El motor del coche rugió mientras Samer maniobraba con destreza a través de las calles oscuras. El eco de las sirenas se desvaneció poco a poco, pero el ambiente seguía cargado de tensión. Agatha no podía dejar de pensar en el infiltrado, el mismo que había ayudado a localizar el archivo. Había algo extraño en su comportamiento, y eso la atormentaba.
—Samer… —empezó a decir Agatha, con la mirada fija en el asiento del copiloto—. No me siento bien con esto. Algo no encaja. ¿No te lo parece?
Same