La noticia de los despidos comenzó a difundirse rápidamente, creando un ambiente de ansiedad y temor en la oficina. Agatha y su equipo no podían ignorar las repercusiones de sus acciones. La sala de descanso, que antes era un lugar de risas y camaradería, se había convertido en un espacio de murmullos y miradas nerviosas. Todos sabían que Al-Fayed no iba a quedarse de brazos cruzados.
Un día, mientras Agatha revisaba algunos documentos en su escritorio, recibió un mensaje de Javier. Su tono era