La creciente resistencia de Agatha comenzó a tomar forma. Con cada reunión, más empleados se unían a su causa, y la idea de un cambio en la empresa se sentía cada vez más real. Sin embargo, el eco de la lucha no pasó desapercibido para Al-Fayed, quien rápidamente se dio cuenta de que su control sobre la empresa estaba siendo desafiado.
Una mañana, mientras Agatha revisaba documentos en su oficina, un mensaje llegó a su correo electrónico. Era de Samer: “Necesitamos hablar. Al-Fayed ha convocado