Agatha y Samer llegaron a la oficina de Aziz con la mente ocupada y el corazón acelerado. La urgencia del mensaje había cortado por completo el ambiente relajado de su cena, dejándoles con un aire de anticipación y ansiedad.
Aziz los recibió con una expresión seria. “Gracias por venir tan rápido. La situación con Al-Fayed ha escalado,” dijo, llevándolos a su despacho, donde varios informes estaban esparcidos sobre la mesa.
“¿Qué ha pasado?” preguntó Samer, manteniendo un tono controlado, aunque