La mañana siguiente llegó con una sensación de urgencia en el aire. Agatha se despertó con la mente aún agitada por la conversación de la noche anterior. Samer había prometido darle espacio, pero su corazón se sentía como un campo de batalla en el que todavía luchaban la confianza y la duda.
Después de ducharse, se vistió con un vestido ligero y se dirigió al comedor. La mansión estaba en silencio, y el aroma del café recién hecho la guió hacia la cocina. Allí, encontró a Samer, que ya estaba t